¿Vida en la corteza helada sobre el océano de una luna de Júpiter?

abril 27, 2022

Europa, una de las lunas del planeta Júpiter, es uno de los principales astros de nuestro sistema solar sospechosos de albergar vida extraterrestre. Su profundo océano de agua salada es la parte de este astro que mayor atención ha recibido de la comunidad científica y del público en general. Sin embargo, ese océano yace bajo una capa de hielo que podría tener entre kilómetros y decenas de kilómetros de grosor, lo que hace que la toma de muestras de ese mar sea un reto desalentadoramente difícil. Por otro lado, cada vez hay más indicios de que esa gruesa corteza de hielo puede ser un lugar potencialmente habitable por derecho propio, en vez de tan solo un mero obstáculo estéril.

Unas observaciones realizadas mediante un sistema de radar, capaz de escrutar el subsuelo a través del hielo, captaron en Groenlandia una estructura con bolsas de agua que tiene una forma sospechosamente parecida a la de ciertas estructuras de la corteza helada de la luna Europa. Los científicos que han estudiado esta semejanza creen que la capa de hielo de Europa también podría tener abundantes bolsas de agua, en su caso a modo de lagos o charcas. Si esta hipótesis es cierta, sería plausible detectar entornos potencialmente habitables a poca profundidad bajo la superficie de esa luna de Júpiter.

Esta es la conclusión a la que ha llegado el equipo de Dustin Schroeder y Riley Culberg, de la Universidad de Stanford en Estados Unidos.

Debido a que esas bolsas de agua están más cerca de la superficie que el océano de abajo, están más expuestas a sustancias químicas procedentes de los volcanes de Io, de otras de las lunas de Júpiter y hasta del espacio interplanetario e interestelar. Con esta riqueza química extra, las posibilidades de surgimiento de vida en estas bolsas de agua son incluso mayores que las posibilidades existentes en el gran océano subterráneo.

En Europa se vislumbran unas estructuras descritas a menudo como crestas dobles. Cada cresta doble aparece como un conjunto de dos crestas con una altura del orden de los 300 metros y que están separadas por un espacio de aproximadamente 800 metros ocupado por un valle. Se sabe de la existencia de estas crestas dobles desde que la superficie de Europa fue fotografiada por la sonda espacial Galileo en la década de 1990, pero hasta ahora no se había logrado concebir una explicación definitiva de cómo se formaron.

A través de análisis de los datos de elevación de la superficie y del radar de penetración de hielo recogidos entre 2015 y 2017 por la NASA en diversas zonas heladas, en el marco de la Operación IceBridge, los autores del nuevo estudio han averiguado cómo se formó la doble cresta en el noroeste de Groenlandia. La doble cresta se produjo cuando el hielo se fracturó en torno a una bolsa de agua líquida presurizada que se estaba recongelando en el interior de la capa de hielo. Eso provocó que se elevaran dos picos separados a corta distancia por un valle.

En Groenlandia, esta doble cresta se formó en un lugar en el que el agua de los lagos y arroyos superficiales se escurre con frecuencia y se vuelve a congelar. Un modo de que se formen en Europa bolsas de agua poco profundas similares a las de Groenlandia podría ser que masas de agua del océano subterráneo fueran forzadas a subir por la capa de hielo a través de fracturas.

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