Seis hombres; dos condenas

octubre 07, 2021

Condenados o absueltos, cualquier fuere el fallo final de los jueces, poco debería ya importunar eso a aquellos seis hombres.

Así es. Poco. Es más, casi nada.

Ya están sufriendo, muy aparte al ámbito de justicia, una despiadada sentencia moral que se eternizará sobre ellos durante toda su existencia.

Esto, desde que sus nombres fueron marcados como receptores de coimas o sobornos del consorcio brasileño Odebrecht, cuando siquiera habían escuchado de sus defensas, su sentencia ya estaba sellada.

Estos seis dominicanos, Tommy Galán Grullón, Roberto Rodríguez, Conrado Pittaluga, Ángel Rondón Rijo, Víctor Díaz Rúa y Andrés Bautista, están atrapados en el enmarañado drama de los denominados sobornos de Odebrecht.

Para ellos, en conjunto, los fiscales han pedido 42 años de cárcel y el decomiso de bienes. Los seis se declararon inocentes de todos los cargos en su contra.

Hasta esta hora, ciertamente, todos son inocentes, según dicta el principio de inocencia consagrado en el derecho penal. 

La presunción de inocencia significa, para decirlo de forma simple, clara, que toda persona debe tenerse por inocente hasta que exista una sentencia firme de autoridad competente en la que se le considere responsable de la comisión de un delito.

Pero si bien la presunción de inocencia protege sus honras, en teoría, de poco vale eso, porque ya su condena se cumple en mentes manipuladas y, en muchos casos, inducidas maliciosamente, o pervertidas por el virus malvado que se mueve en las redes sociales, y hasta medios convencionales.

De terminar en una condena, a estos imputados simplemente se les estaría enviando a un recinto penitenciario a purgar una pena, porque la más cruel de todas ya pesa sobre ellos, desde que una borrasca de insidias y perversidades se ensañó en su contra, en lo que parece un compromiso malvado para sepultar sus patrimonios morales bajo el lodo pestilencial de la historia.

 De todos modos, ya se acerca la hora de la decisión y los jueces, las personas responsables de decidir el destino de estos seis imputados, después de tomar en cuenta las evidencias o pruebas presentadas en un juicio, tendrán que administrar justicia.

Aparte de sus abogados, un hecho potencialmente favorable para ellos aparece en una declaración que sobre el caso Odebrecht hizo en su momento la actual procuradora general de la República, dona Mirian Germán Brito, respecto a que con ese expediente de Odebrecht ningún juez responsable podía condenar a los acusados.

De nuevo, no importa lo que pase el día D. Ya sobre esta gente fue estrujada una condena cruel y malvada, hiriendo impiadosamente sus virtudes morales.

Este grupo de ciudadanos, con una fe inquebrantable en su inocencia, están conscientes de esto.

De haber una sentencia condenatoria para el grupo imputado, no solo estarían condenados a un apena en prisión, sino que esto conllevaría, irremisiblemente, a una incineración moral que tendrían que cagar consigo hasta el resto de sus días.

Incluso, en el caso hipotético de que uno, o hasta el imposible caso de que todos sean absueltos de este trance, la más dura de las condenas estará colgada ahí, en la mente de tanta gente atascada con acusaciones tan perversas que han adquirido el grado de verdades.

Igual, los efectos colaterales estarán visibles en sus familias, sus amigos, sus allegados.

Y el cansancio y derrame de sudor para ellos hacer sus capitales y producir y ahorrar para vivir una vida digna y ejemplar, todo eso, no se contará como historia de sacrificio y lucha personal, sino que aquellos que auspiciaron tanto daño y maldad buscarán que siempre repunte el dedo acusador y la infamia, para que sepulte hasta la profundidad todo lo que tenga aliento a bueno.  

Los auspiciadores de tanto daño no tienen alma. Parecen haber copiado, y ejecutado, el valor de una frase lapidaria de Joseph Goebbels, el jefe de campaña de Adolfo Hitler, uno de los más grandes de la historia por sus estrategias mediáticas, cuando planteó, y demostró, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

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